Nosotras las que somos es una novela que trata de la relación entre una madre y su hija, o más bien la enorme herida que significa la ausencia de esta relación. Clara con su madre Carmenza y ésta con su madre Clemencia. Casi un círculo que va a ir a romperse de modo más bien delicado al final y siempre el función del amor. La novela está divida en dos partes: la madre, y la hija.
Es un tema recurrente en el corpus de narrativa y poesía escrita por mujeres. En esa trama entran en juego los valores familiares siempre distintos y cambiantes, y la consideración del rol de las mujeres en distintas épocas.
Se desarrolla el contexto de la guerra para el caso de la Carmenza siendo niña, momento en el que pierde a su madre; del conflicto civil en Nicaragua cuando Carmenza ya toma una decisión difícil para salir de una situación familiar que no le acomoda, y un entorno entornos de suyo diferentes en su aspecto temporal, que incluyen Alajuela, San José y Limón.
Todos sabemos que mucho de lo que escribirnos se asienta en la memoria, en la propia experiencia. Es lo que da legitimidad y credibilidad al discurso, independientemente que se trate de personajes ficticios como en este caso lo son Carmenza y Clara. Hay un cierto efecto espejo en la vida de las dos mujeres en cuanto a que cada una reclama el amor y la atención que sienten debían tener por parte de sus respectivas madres. Alrededor, familiares (hermanas, primos, tías) que se sustraen a ese sufrimiento y solo alcanzan a “cumplir” con un deber familiar que no es particularmente deseado. Por otro lado, los hombres en esta novela, son apenas un pretexto para contar este quiebre emocional que implica la ausencia presente de la madre. Los hombres aquí son apenas puertas de salida, excusas, venganzas, tablas de salvación. Pero no alcanzan a ser el centro de sus vidas.
La construcción estilística oscila entre la voz narradora y el testimonio desgarrado en primera persona que va contando el sentimiento en cada circunstancia, la historia, la anécdota, el recuerdo. Tiene a ser descolocado, como lo es normalmente el pensamiento y el lector debe estar atento para saber en qué momento quién está hablando: ¿la abuela Clemencia? ¿la madre Carmenza? ¿La hija Clara que a su vez se convierte en madre? Podría decirse que es una especie de caos narrativo organizado a propósito para poner retos al lector. Encontrar la voz que cuenta, la que responde, la que reclama, la que contradice, la que quiere aire y libertad pero se impone amarras, la que en función de ese deseo de libertad puede llegar a sacrificar lo que les más amado; crecer en soledad añorando la caricia y el estímulo cariñoso de una madre deja marcas indelebles pero no son una sentencia ni la definición de un destino. Al final, nosotras las que somos hijas, hermanas, tías, madres, madrinas, cuñadas en un tiempo en que el patriarcado no ha soltado su poder y por mucho tiempo se resistirá a compartir el mundo en todas sus dimensiones, solo nos tenemos unas a otras para salir adelante y vencer los obstáculos que nos impiden salir al mundo y llenarlo de luz y maravilla con inteligencia y ternura. Este es al final el sustrato que la autora nos pide descubrir en sus maravillosos personajes.